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Cosas de Betistas

A partir de la promulgación de la Ley 12/2015, del 24 de junio, en materia de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España, la visibilidad de la “cuestión sefardí” ha vuelto a cobrar fuerza en los medios de comunicación, con artículos donde se reflexiona sobre la recuperación de la relación entre Sefarad y los españoles sin patria (es decir los sefardíes), como les llamó el senador Ángel Pulido Fernández, al descubrir la existencia de unas comunidades hispanohablantes en el todavía existente Imperio Otomano a comienzos del siglo XX.

Esta operación política ha tenido varias consecuencias, sin que sea la última la de haber avivado la atención del Hispanismo sobre esta línea de investigación. Con esto no quiero decir que los estudios sefardíes sean un “invento” contemporáneo, pero sí creo que están viviendo un revival, cuando no un verdadero renacimiento científico.

Si desde Sefarad miramos hacia el otro lado del Atlántico, podemos apreciar cómo la situación casi desesperada que José Faur retrataba en 1974 hoy ha cambiado bastante: por lo que a Estados Unidos se refiere, las iniciativas acerca del legado sefardí son múltiples, desde el Sephardic Studies Program del Stroum Center for Jewish Studies de la Universidad de Washington, al Maurice Amado Program in Sephardic Studies de la UCLA, pasando por los Sephardic Studies Programs de la Yeshiva University de Nueva York. Si nos animamos a superar el muro en la frontera sur de EEUU, el punto de partida es el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardi, con sede en Buenos Aires, pero que representa y aglutina toda la realidad latinoamericana.

El segundo foco de atención de estos estudios se sitúa en el Estado de Israel, donde también se han ido reuniendo los archivos públicos y privados de los judíos que tuvieron que escapar (cuando lo lograron) de las persecuciones europeas del siglo XX. Entre los centros de investigación más activos se pueden nombrar por lo menos la Autoridad Nasionala del Ladino i su Kultura y la Hebrew University of Jerusalem con su Ladino Program.

Volviendo al centro de la diáspora sefardí, el interés manifestado en Europa por el estudio de la historia, cultura y lengua de los judíos de origen español se distingue por su antigüedad, con España en primera línea gracias al Instituto Benito Arias Montano de Estudios Hebraicos, Sefardíes y de Oriente Próximo, fundado en los años cuarenta y que ha evolucionado en lo que hoy es el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo del CSIC. Desde 1941 el Instituto lleva publicando una de las revistas de referencia para los que se ocupan de estos temas: Sefarad. A esto hay que añadir el trabajo hecho por el antiguo Grupo de Estudios Sefardíes del CSIC, que, enmarcado en el proyecto de investigación Sefarad, siglo XXI (2017-2020): Edición y estudio filológico de textos sefardíes, ha creado la plataforma de recursos digitales e-sefardic. Al nombrar el CSIC, no se puede dejar de recordar otro proyecto de investigación excelente desarrollado en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del CSIC por el grupo de investigación de Patrimonio y Culturas Populares, Los sefardíes ante sí mismos y sus relaciones con España, cuyos resultados pueden consultarse en la página Sefardiweb.

En los otros países europeos, tanto de acogida como de tránsito para los judíos de la diáspora, también se encuentran centros o grupos de investigación que están llevando adelante el estudio de la cultura sefardí en el seno del Hispanismo, como el grupo de investigación sobre el judeoespañol de la Universidad de Basilea, el Ottoman Turkish Sephardic Culture Research Center en Estambul, el grupo de investigación Diasporic & Divided Memories de la Universidad de Ámsterdam o finalmente – y pido perdón por la autocita – el grupo de investigación ESTHER de la Universidad de Verona.

Complementa este panorama – muy, muy parcial – de los estudios sefardíes actuales el reconocimiento que la lengua judeo-española ha recibido a nivel oficial: el 20 de febrero de 2018 se formalizó la creación de la Academia Nacional del Judeoespañol en Israel, un paso que seguía los dados en 2015, cuando la Real Academia Española eligió a ocho académicos correspondientes extranjeros expertos en judeoespañol y el Instituto Cervantes anunció la posibilidad, para los herederos de los sefardíes, de realizar en sus centros la prueba obligatoria de Conocimientos Constitucionales y Socioculturales de España para la obtención de la nacionalidad española.

Afortunadamente, el estudioso que quiera compartir sus hallazgos en este terreno (bastante movedizo por la extensión cronológica y geográfica de la diáspora) tiene varias posibilidades ante sí, desde los periódicos, a los encuentros académicos organizados por las asociaciones de estudios hebreos o por los citados grupos de investigación, pasando por las revistas científicas que se centran y dan cabida a estos temas o a temas análogos: a la ya recordada Sefarad, se podrían sumar por lo menos El Prezente. Studies in Sephardic Culture (Universidad Ben Gurión del Néguev, Israel), Ladinar (Universidad de Bar-Ilan (Israel), la Miscelánea de Estudios Árabes y Hebreos (Universidad de Granada), Sephardic Horizons, Arquivo Maaravi (Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil), eHumanista Conversos (University of California Santa Barbara) y Raíces. Revista judía de cultura.

Si el académico curioso quisiera dejar por un momento sus investigaciones para disfrutar de la literatura y cultura sefardí como “simple” lector o espectador, en este caso también el abanico de posibilidades es amplio: podría elegir quizás el drama Esterka de la dramaturga Laura Papo Bohoreta, activa en los años treinta en la comunidad de Sarajevo, o bien aficionarse a la saga de la familia Carasso, fundadora del imperio comercial Danone, en la novela histórica de Manuel Mira El olivo que no ardió en Salónica (2015). Otra opción sería la lectura de la colección de poemas Ansina (2015) de la mexicana de origen búlgaro sefardí Myriam Moscona, quizá con el acompañamiento sonoro de algún grupo de música judeoespañola (y aquí la lista sería demasiado larga, con lo cual me limito a remitir al Festival Internacional de Música Sefardí para más información). A los más atrevidos, quizá podría interesarles la propuesta de danza del grupo Flamenco Sephardit, que mezcla la tradición del cante jondo con la de los sefardíes; finalmente, para el amante del séptimo arte, el catálogo de películas y documentales es vasto: dejando a un lado la producción relacionada con la Shoah, me permito señalar tan solo dos títulos, a saber: Tijuana Jews (USA 2005), sobre la comunidad judía mexicana, y ¿Documentos robados? Franco y el Holocausto (España 2013), sobre el papel de Franco durante la persecución nazi.

Termino este accidentado recorrido compartiendo una breve reflexión. En el drama La informante (1983) de Paloma Díaz-Mas, la anciana sefardí Luna pregunta a la joven española Elena: «¿Por cuálo vinites, mi hij́a?», como si la agonizante cultura sefardí quisiera saber de la mayoritaria cultura ibérica por qué, después de 500 años de su expulsión y de su olvido, ha vuelto a interesarse por ella; y la respuesta, como creo que demuestra tanta atención por parte de instituciones, académicos y amantes de la cultura, reside en la riqueza de esta tradición en la formación de nuestras identidades contemporáneas, tanto dentro como fuera de Sefarad.

Paola Bellomi

Università degli Studi di Verona

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